5/9/14

ANIMA Y YO,,,

 
 
 
 
 
 
ANIMA Y YO
 
 
Anima que discurre ingenuamente triste
En espera de alguna recompensa mayor;
Alma mía que busca para el mal que me asiste
Otro bien que no surja de su propio dolor.
 
Oh Jesús - buen amigo, que tus bálsamos diste
Al másculo San Pablo y a Pedro el Pescador,
cuando ya en el ocaso de sus vidas pusiste
Con tu luz taumaturga tu limosna de Amor.
 
Mi conciencia despoja de razones impuras,
otórgale a mi alma tus diáfanas ternuras
tu fulgor para ella, a los dos tu ideal.
 
Si la ves prosternada en mi lóbrego abismo
es buscando la gracia suprema de ti mismo
para que nos defiendas del pecado mortal.

Enrique Aguiar


ENIGMÁTICA..

 
Iba disparando su carcajada de amores,
exquisita, grácil, pensativa y rara;
La miré con ansias...ebria de temores,
sus mejillas blancas llenó de pudores
y siguió adelante sin volver la cara.
 
Apure sus filtros. Y al sentirme presa
de la calentura de una fantasía,
vi peregrinando su formal belleza
como un ala rota, llena de tristeza
como un estandarte de melancolía.
 
Llegó la partida; tiernas emociones
tuvo en el instante en que me vió pasar,
Y cual dos amargas interrogaciones
Abrió sus pupilas llenas de visiones
Y como una madre comenzó a llorar.
 
Enrique Aguiar 

4/9/14

POEMA TRISTE...

 
 
 Por la quebrada senda que conduce
al campo de los muertos, iba lenta;
es una virgen que en el alma lleva
el martirio letal de una tormenta.
 
La rara majestad de su hermosura
Demacrada por crueles desengaños,
mostraba la tristeza compasiva
del cansancio terrible de los años.
 
Y llega al Campo Santo; todo calla,
la fúnebre mansión sólo tenía
esa quietud de cruces ignoradas
donde late un recuerdo todavía.
 
Hacía una tumba pobre y silenciosa
Donde crece una adelfa enmustiecida,
donde muerta una madre siempre vive
torturado el encanto de la vida.
 
Temblorosa y mortal se encaminaba;
Y a Dios le pide con el alma abierta,
que la deje con lágrimas y besos
colmar la tumba de su madre muerta.
 
II
 
Desfallecida por sus penas hondas
junto a una cruz de leño se inclinaba"
..."Piedad madre del alma! " en su agonía
la pobre virgencita murmuraba
 
"Yo no quiero vivir. El mundo tiene
Falaces realidades de amargura;
Arráncame del mundo, madre mía,
Y exprímeme en un beso de ternura.
 
"Quiero a tu lado, silenciosa y triste,
compartir la nostalgia funeraria,
y olvidar las maldades de la vida
elevando hasta Dios nuestra plegaría.
 
"Que en este mundo de rencor y dolo
el pudor envilecen cada día,
y sólo reina en la social esfera
contra toda virtud la hipocresía.
 
"La torva muchedumbre, alborotada,
que en el revuelto torbellino crece,
de lauros, con amor, a los tiranos
y a la inocente virgen encanece"
 
III
 
Un ave canta en el paraje triste
el fúnebre responso de la umbría
cuando la niña, pudorosa y casta,
rueda en el barro de la tumba fría.
 
Es la noche...Silencio...Ni un murmullo
En la quietud helada del ambiente,
Mientras la luna su sonrisa quiebra
sobre el pétalo mustio de su frente!
 
Enrique Aguiar 
 
 

 


PIENSO DECIRTE ALGO...



 
 Pienso decirte algo cuando te vayas,
Pienso decirte todo lo que he sentido;
Quieres tener costumbres en otras playas
Y echas en estas playas todo tu olvido.
 
Que tu barca de amores te lleve lejos;
Para estar a tu lado basta un recuerdo
O las luces ustorias de tus reflejos
En el mar de tristezas en que me pierdo.
 
Que los nuevos placeres que en ti se inicien
No maltraten en nada tu alma inocente,
Que hayan notas aladas que te acaricien
Y suspiros de auras para tu frente.
 
Que conserves el cofre de tus bondades;
Que en alegres veladas pases las horas;
Que contemples extrañas de otras auroras.
 
Que la brisa te lleve con sus violines
Besos llenos de mieles y de fragancias
Y los hálitos puros de esos jardines
Donde crecieron juntas nuestras infancias.
 
Y feliz en tu vida porque has podido
Realizar tus antojos, quién tal pudiera!
Echa sobre estas playas todo tu olvido
Ya que al fin has logrado ser extranjera!

Enrique Aguiar 


29/8/14

OCASO


 ¡Cómo suena en mi alma la idea
 de una noche completa en tus brazos
 diluyéndome toda en caricias
mientras tú te me das extasiado!

 ¡Qué infinito el temblor de miradas
 que vendrá en la emoción del abrazo,
y qué tierno el coloquio de besos
que tendré estremecida en tus labios!

 ¡Cómo sueño las horas azules
 que me esperan tendida a tu lado,
 sin más luz que la luz de tus ojos,
 sin más lecho que aquel de tu brazo!

 ¡Cómo siento mi amor floreciendo
en la mística voz de tu canto:
notas tristes y alegres y hondas
 que unirán mi emoción a tu rapto!

 ¡Oh la noche regada de estrellas
 que enviará desde todos sus astros
 la más pura armonía de reflejos
como ofrenda nupcial a mi tálamo!

JULIA DE BURGOS

7/8/14

TE SEGUIRÉ CALLADA...


 
Te seguiré por siempre, callada y fugitiva,
por entre oscuras calles molidas de nostalgia,
o sobre las estrellas sonreídas de ritmos
donde mecen su historia tus más hondas miradas.

Mis pasos desatados de rumbos y fronteras
no encuentran las orillas que a tu vida se enlazan.
Busca lo ilimitado mi amor, y mis canciones
de espalda a los estático, irrumpen en tu alma.

Apacible de anhelos, cuando el mundo te lleve,
me doblaré el instinto y amaré tus pisadas;
y serán hojas simples las que iré deshilando
entre quietos recuerdos, con tu forma lejana.

Atenta a lo infinito que en mi vida ya asoma,
con la emoción en alto y la ambición sellada,
te seguiré por siempre, callada y fugitiva,
por entre oscuras calles, o sobre estrellas blancas.

Julia de Burgos

6/8/14

LA LUNA VINO A LA FRAGUA...

 


La luna vino a la fragua
con su polisón de nardos.
El niño la mira, mira.
El niño la está mirando.
En el aire conmovido
mueve la luna sus brazos
y enseña, lúbrica y pura,
sus senos de duro estaño.
Huye luna, luna, luna.
Si vinieran los gitanos,
harían con tu corazón
collares y anillos blancos.
Niño déjame que baile.
Cuando vengan los gitanos,
te encontrarán sobre el yunque
con los ojillos cerrados.
Huye luna, luna, luna,
que ya siento sus caballos.
Niño déjame, no pises,
mi blancor almidonado.
El jinete se acercaba
tocando el tambor del llano.
Dentro de la fragua el niño,
tiene los ojos cerrados.
Por el olivar venían,
bronce y sueño, los gitanos.
Las cabezas levantadas
y los ojos entornados.
¡Cómo canta la zumaya,
ay como canta en el árbol!
Por el cielo va la luna
con el niño de la mano.
Dentro de la fragua lloran,
dando gritos, los gitanos.
El aire la vela, vela.
el aire la está velando. 
 
Federico García Lorca

NADIE COMPRENDÍA EL PERFUME...

 
 
 Nadie comprendía el perfume
De la oscura magnolia de tu vientre.
Nadie sabía que martirizabas
un colibrí de amor entre los dientes.
Mil caballitos persas se dormían
En la plaza con la luna de tu frente,
mientras que yo enlazaba cuatro noches
tu cintura, enemiga de la nieve.
Entre yeso y jazmines, tu mirada
era un pálido ramo de simientes.
Yo busqué, para darte, por mi pecho
Las letras de marfil que dicen siempre,
siempre, siempre: jardín de mi agonía.
Tu cuerpo fugitivo para siempre,
la sangre de tus venas en mi boca.
tu boca ya sin luz para mi muerte.
 
Federico García Lorca


SED DE TI...



Sed de ti me acosa en las noches hambrientas.
Trémula mano roja que hasta su vida se alza.
Ebria de sed, loca sed, sed de selva en sequía.
Sed de metal ardiendo, sed de raíces ávidas......
Por eso eres la sed y lo que ha de saciarla.
Cómo poder no amarte si he de amarte por eso.
Si ésa es la amarra cómo poder cortarla, cómo.
Cómo si hasta mis huesos tienen sed de tus huesos.
Sed de ti, guirnalda atroz y dulce.
Sed de ti que en las noches me muerde como un perro.
Los ojos tienen sed, para qué están tus ojos.
La boca tiene sed, para qué están tus besos.
El alma está incendiada de estas brasas que te aman.
El cuerpo incendio vivo que ha de quemar tu cuerpo.
De sed. Sed infinita. Sed que busca tu sed.
Y en ella se aniquila como el agua en el fuego
 
 
Pablo Neruda

28/7/14

SI TU MURIERAS



Anoche, mientras fijos tus ojos me miraban
y tus convulsas manos mis manos estrechaban,
tu tez palideció.
¿Qué hicieras -me dijiste- si en esta noche misma
tu luz se disipara, si se rompiera el prisma,
si me muriera yo?

¡Ah! deja las tristezas al nido abandonado,
las sombras a la noche, los dardos al soldado,
los cuervos al ciprés.
No pienses en lo triste que sigiloso llega;
los mirtos te coronan, y el arroyuelo juega
con tus desnudos pies.

La juventud nos canta, nos ciñe, nos rodea;
es grana en tus mejillas; en tu cerebro, idea,
y entre tus rizos, flor;
tenemos en nosotros dos fuerzas poderosas,
que triunfan de los hombres y triunfan de las cosas:
¡la vida y el amor!

Comparte con mi alma tus penas y dolores,
te doy mis sueños de oro, mis versos y mis flores
a cambio de tu cruz.
¿Por qué temer los años, si tienes la hermosura;
la noche, si eres blanca; la muerte, si eres pura;
la sombra, si eres luz?

Seré, si tú lo quieres, el resistente escudo
que del dolor defienda tu corazón desnudo;
y si eres girasol,
seré la pare oscura que en hondo desconsuelo
sin ver jamás los astros se inclina siempre al suelo;
¡Tú, la que mira al sol!

La muerte está muy lejos; anciana y errabunda,
evita los senderos que el rubio sol fecunda,
y por la sombra va;
camina sobre nieve, por rutas silenciosas,
huyendo de los astros y huyendo de las rosas;
¡la muerte no vendrá!

 
La vida, sonriendo nos deja sus tesoros:
¡abre tus negros ojos, tus labios y tus poros
al aire del amor!
Como la madre monda las frutas para el niño,
¡Dios quita de tu vida, cercada de cariño,
las penas y el dolor!

Ahora todo canta, perfuma o ilumina;
ahora todo copia tu faz alabastrina,
y se parece a ti;
aspiro los perfumes que brotan de tu trenza,
y lo que en tu alma apenas como ilusión comienza,
es voluntad en mí.

¡Ah! deja las tristezas al nido abandonado,
las sombras a la noche, los dardos al soldado;
los cuervos al ciprés.
No pienses en los triste que sigilos llega;
los mirtos te coronan, y el arroyuelo juega
con tus desnudos pies.

Manuel Gutiérrez Nájera

FRENTE A FRENTE



 Oigo el crujir de tu traje, turba tu paso el silencio,
 pasas mis hombros rozando y yo a tu lado me siento.
 Eres la misma: tu talle, como las palmas, esbelto,
negros y ardientes los ojos, blondo y rizado el cabello;
blando acaricia mi rostro como un suspiro tu aliento;
 me hablas como antes me hablabas,
yo te respondo muy quedo,
y algunas veces tus manos entre mis manos estrecho.

 ¡Nada ha cambiado: tus ojos siempre me miran serenos,
 como a un hermano me buscas,
 como a una hermana te encuentro!
¡Nada ha cambiado: la luna deslizando su reflejo
a través de las cortinas de los balcones abiertos;
allí el piano en que tocas,
allí el velador chinesco
y allí tu sombra, mi vida, en el cristal del espejo.

Todo lo mismo: me miro, pero al mirarte no tiemblo,
cuando me miras no sueño.
Todo lo mismo, peor algo dentro de mi alma se ha muerto.
 ¿Por qué no sufro como antes?
¿Por qué, mi bien, no te quiero?
 Estoy muy triste; si vieras, desde que ya no te quiero siempre que escucho campanas digo que tocan a muerto.
Tú no me amabas pero algo daba esperanza a mi pecho,
y cuando yo me dormía tú me besabas durmiendo.

 Ya no te miro como antes, ya por las noches no sueño,
 ni te esconden vaporosas las cortinas de mi lecho.
 Antes de noche venías destrenzando tu cabello,
 blanca tu bata flotante, tiernos tus ojos de cielo;
 lámpara opaca en la mano, negro collar en el cuello,
dulce sonrisa en los labios y un azahar en el pecho.
 Hoy no me agito si te hablo ni te contemplo si duermo,
 ya no se esconde tu imagen en las cortinas del techo.

 Ayer vi a a un niño en la cuna;
estaba el niño durmiendo,
 sus manecitas muy blancas, muy rizado su cabello.
 No sé por qué, pero al verle vino otra vez tu recuerdo,
 y al pensar que no me amaste, sollozando le di un beso.
 Luego, por no despertarle, me alejé quedo, muy quedo.
¡Qué triste que estaba el alma! ¡Qué triste que estaba el cielo!
 Volví a mi casa llorando, me arrojé luego en el lecho.

 Todo estaba solitario, Todo muy negro, muy negro.
Como una tumba mi alcoba, la tarde tenue muriendo,
 mi corazón con el frío.
Busqué la flor que me diste una mañana en tu huerto y con mis manos convulsas la apreté contra mi pecho; miré luego en torno mío y la sombra me dio miedo...
Perdóname, si, perdóname, ¡no te quiero, no te quiero!
 
Manuel Gutiérrez Nájera

ONDAS MUERTAS
























En la sombra debajo de tierra,
donde nunca llegó la mirada,
se deslizan en curso infinito
silenciosas corrientes de agua.
Las primeras, al fin, sorprendidas,
 por el hierro que rocas taladra,
en inmenso penacho de espumas
 hervorosas y límpidas saltan.
Mas las otras, en densa tiniebla,
retorciéndose siempre resbalan,
sin hallar la salida que buscan,
a perpetuo correr condenadas.
A la mar se encaminan los ríos,
y en su espejo movible de plata,
 van copiando los astros del cielo
 o los pálidos tintes del alba:
ellos tienen cendales de flores,
 en su seno las ninfas se bañan,
 fecundizan los fértiles valles,
 y sus ondas son de agua que canta.
En la fuente de mármoles níveos,
 juguetona y traviesa es el agua,
como niña que en regio palacio
sus collares de perlas desgrana;
ya cual flecha bruñida se eleva,
ya en abierto abanico se alza,
de diamantes salpica las hojas
 o se duerme cantando en voz baja.
En el mar soberano las olas
los peñascos abruptos asaltan;
al moverse, la tierra conmueven
y en tumulto los cielos escalan.
Allí es vida y es fuerza invencible,
 allí es reina colérica el agua,
como igual con los cielos combate
y con dioses y monstruos batalla.
¡Cuán distinta la negra corriente
a perpetua prisión condenada,
 la que vive debajo de tierra
do ni yertos cadáveres bajan!
 ¡La que nunca la luz ha sentido,
 la que nunca solloza ni canta,
esa muda que nadie conoce,
esa ciega que tienen esclava!
 Como ella, de nadie sabidas,
como ella, de sombras cercadas,
 sois vosotras también,
 las oscuras silenciosas corrientes de mi alma.
 ¿Quién jamás conoció vuestro curso?
¡Nadie a veros benévolo baja!
¡Y muy hondo, muy hondo se extienden
 vuestras olas cautivas que callan!
!Y si paso os abrieran, saldríais,
como chorro bullente de agua,
que en columna rabiosa de espuma
sobre pinos y cedros se alza!
Pero nunca jamás, prisioneras,
sentiréis de la luz la mirada:
 ¡seguid siempre rodando en la sombra,
silenciosas corrientes del alma!

Manuel Gutiérrez Nájera

20/7/14

LA SERENATA DE SCHUBERT...

 
 
¡Oh, qué dulce canción! Límpida brota
Esparciendo sus blandas armonías,
Y parece que lleva en cada nota
¡Muchas tristezas y ternuras mías!

¡Así hablara mi alma... si pudiera!
Así dentro del seno,
Se quejan, nunca oídos, mis dolores!
Así, en mis luchas, de congoja lleno,
Digo a la vida: —¡Déjame ser bueno!
—Así sollozan todos mis amores!

¿De quién es esa voz? Parece alzarse
Junto del lago azul, noche quieta,
Subir por el espacio, y desgranarse
Al tocar el cristal de la ventana
Que entreabre la novia del poeta...
¿No la oís como dice: «hasta mañana»?

¡Hasta mañana, amor! El bosque espeso
Cruza, cantando, el venturoso amante,
Y el eco vago de su voz distante
Decir parece: «hasta mañana, beso!»

¿Por qué es preciso que la dicha acabe?
¿Por qué la novia queda en la ventana.
Y a la nota que dice: «¡Hasta mañana!»
El corazón responde: «¿quién lo sabe?»

¡Cuántos cisnes jugando en la laguna!
¡Qué azules brincan las traviesas olas!
En el sereno ambiente ¡cuánta luna!
Mas las almas ¡qué tristes y qué solas!

En las ondas de plata
De la atmósfera tibia y transparente,
Como una Ofelia náufraga y doliente,
¡Va flotando la tierna serenata...!

Hay ternura y dolor en ese canto,
Y tiene esa amorosa despedida
La transparencia nítida del llanto,
¡Y la inmensa tristeza de la vida!

¿Qué tienen esas notas? ¿Por qué lloran?
Parecen ilusiones que se alejan...
Sueños amantes que piedad imploran,
Y como niños huérfanos, ¡se quejan!

Bien sabe el trovador cuán inhumana
Ara todos los buenos es la suerte...
Que la dicha es de ayer... y que «mañana»
Es el dolor, la obscuridad, !la muerte!

El alma se compunge y estremece
Al oír esas notas sollozadas...
¡Sentimos, recordamos, y parece
Que surgen muchas cosas olvidadas!

¡Un peinador muy blanco y un piano!
Noche de luna y de silencio afuera...
Un volumen de versos en mi mano,
Y en el aire ¡y en todo! ¡primavera!

¡Qué olor de rosas grescas! en la alfombra
¡Qué claridad de luna! ¡qué reflejos!
...¡Cuántos besos dormidos en la sombra,
Y la muerte, la pálida, qué lejos!

En torno al velador, niños jugando...
La anciana, que en silencio nos veía...
Schubert en su piano sollozando,
Y en mi libro, Musset con su «Lucía».

¡Cuántos sueños en mi alma y en tu alma!
¡Cuántos hermosos versos! ¡cuántas flores!
En tu hogar apacible ¡cuánta calma!
Y en mi pecho ¡qué inmensa sed de amores!

¡Y todo ya muy lejos! ¡todo ido!
¿En dónde está la rubia soñadora?
...¡Hay muchas aves muertas en el nido,
Y vierte muchas lágrimas la aurora!

...Todo lo vuelvo a ver... ¡pero no existe!
Todo ha pasado ahora... ¡y no lo creo!
Todo está silencioso, todo triste...
¡Y todo alegre, como entonces, veo!

...Esta es la casa... ¡su ventana aquélla!
Ese, el sillón en que bordar solía...
La reja verde... y la apacible estrella
Que mis nocturnas pláticas oía!

Bajo el cedro robusto y arrogante,
Que allí domina la calleja obscura,
Por la primera vez y palpitante
Estreché con mis brazos, su cintura!

¡Todo presente en mi memoria queda!
La casa blanca, y el follaje espeso...
El lago azul... el huerto... la arboleda,
Donde nos dimos, sin pensarlo, un beso!

Y te busco, cual antes te buscaba,
Y me parece oírte entre las flores,
Cuando la arena del jardín rozaba
El percal de tus blancos peinadores!

¡Y nada existe ya! Calló el piano...
Cerraste, virgencita, la ventana...
Y oprimiendo mi mano con tu mano,
Me dijiste también: «¡hasta mañana!»

¡Hasta mañana!... Y el amor risueño
No pudo en tu camino detenerte!...
Y lo que tú pensaste que era el sueño,
Fue sueño, ¡pero inmenso! ¡el de la muerte!

........................................................

¡Ya nunca volveréis, noches de plata!
Ni unirán en mi alma su armonía,
Schubert, con su doliente serenata
Y el pálido Musset con su «Lucía».

José Gutiérrez Nájera
 
 
 
 

16/7/14

ELEGÍA A UN MADRIGAL...





Recuerdo que una tarde de soledad y hastío,
¡oh tarde como tantas!, el alma mía era,
bajo el azul monótono, un ancho y terso río
que ni tenía un pobre juncal en su ribera.
¡Oh mundo sin encanto, sentimental inopia
que borra el misterioso azogue del cristal!
¡Oh el alma sin amores que el Universo copia
con un irremediable bostezo universal!
*
Quiso el poeta recordar a solas,
las ondas bien amadas, la luz de los cabellos
que él llamaba en sus rimas rubias olas.
Leyó... La letra mata: no se acordaba de ellos...
Y un día —como tantos—,
al aspirar un día aromas de una rosa
que en el rosal se abría, brotó como una llama
la luz de los cabellos que él en sus madrigales
llamaba rubias olas,
brotó, porque un aroma igual tuvieron ellos...
Y se alejó en silencio para llorar a solas.

Antonio Machado, 1907

15/7/14

HUMANA.....

 

Hermosa y sana, en el pasado estío,
murmuraba, en mi oído, sin espanto:
-Yo quisiera morirme, amado mío;
más que el mundo me gusta el camposanto.

Y de fiebre voraz bajo el imperio,
moribunda, ayer tarde, me decía:
-No me dejes llevar al cementerio...
¡Yo no quiero morirme todavía!

¡Oh señor... y qué frágiles nacimos!
¡Y que variables somos y seremos!
¡Si la tumba está lejos... la pedimos!
¡Pero si cerca está... no la queremos!
Julio Flores