23/12/14

EL HOMBRE IMAGINARIO...

 
El hombre imaginario
vive en una mansión imaginaria
rodeada de árboles imaginarios
a la orilla de un río imaginario

De los muros que son imaginarios
penden antiguos cuadros imaginarios
irreparables grietas imaginarias
que representan hechos imaginarios
ocurridos en mundos imaginarios
en lugares y tiempos imaginarios

Todas las tardes imaginarias
sube las escaleras imaginarias
y se asoma al balcón imaginario
a mirar el paisaje imaginario
que consiste en un valle imaginario
circundado de cerros imaginarios

Sombras imaginarias
vienen por el camino imaginario
entonando canciones imaginarias
a la muerte del sol imaginario

Y en las noches de luna imaginaria
sueña con la mujer imaginaria
que le brindó su amor imaginario
vuelve a sentir ese mismo dolor
ese mismo placer imaginario
y vuelve a palpitar
el corazón del hombre imaginario

                                                                  
                                                                  NICANOR PARRA
 

 

23/11/14

FUE FINALMENTE QUE LA COSA SE ACABÓ....


... Murió Idea Vilariño y la generación del 45 empieza a quedar en silencio ..

JUAN CRUZ Buenos Aires 29/04/2009

La muerte de Idea Vilariño, la gran poeta cuyo amor con Juan Carlos Onetti ya es leyenda literaria, ha cortado la respiración de la cultura poética de América Latina y se ha dejado sentir como un silencio en la Feria del Libro de Buenos Aires, donde libreros y editores buscaron de pronto libros inencontrables de esta mujer menuda que dijo adiós a todo esto en Montevideo a los 89 años. En Montevideo pasó lo mismo: un librero se asombraba el martes por la tarde, cuando un número bastante considerable de clientes acudían presurosos a buscar libros de Idea. "¿Los quieren vender más caros?" Así es a veces el contorno de las despedidas.

La poeta que siempre quiso tacharse a sí misma iba a ser más leída, o más editada, después de muerta. Y sólo llevaba muerta unas horas. Llevaron a Idea, en su último viaje, al viejo y elegante edificio de la Universidad, y allá arriba estaba su féretro, antes del sepelio, ante un grupo cada vez más numeroso de montevideanos que en vida la veían aparecer y desaparecer como una sombra cuya literatura marcó una generación, la de 1945, de la que formaron gente como ella, Emir Rodríguez Monegal y Mario Benedetti. Precisamente el martes se iba a celebrar un homenaje a Benedetti, en Madrid (donde sí se celebró) y en Montevideo, en el Centro Cultural de España. Éste se suspendió. Su promotora, Hortensia Campanella, autora de la última biografía de Mario, que está entre los libros requeridos de la feria (editado acá por Planeta, en España por Alfaguara), decidió que no era en absoluto el momento de ninguna algarabía.

El silencio iba a ser ya homenaje a Idea. Y el silencio lo iba a romper con canciones Daniel Viglietti, amigo de Mario, uno de los mitos vivos de la canción de autor en España y en América Latina. Iba a cantar los versos de Mario, pero no se pudo; le vimos entre los primeros que llegaron a rendir homenaje de despedida a Idea, y lo vimos preocupado hondamente por la salud de Benedetti, que reposaba, grave, debatiéndose entre su fuerza y su melancolía, en la cama del hospital Impasa. Nosotros estuvimos en el hospital. Los médicos son cautos, dan partes médicos cada mediodía, y de sus partes sólo se deduce que el paciente sufre. Ha sufrido mucho, sufrió el exilio, la melancolía, la enfermedad traidora del asma, y ahora sufre en una cama de hospital; muchas otras veces estuvo hospitalizado, en Madrid, en Montevideo; sus 88 años están ahora acosados también por esa cifra. La gente contiene la respiración, como si le intentaran ayudar a que siga respirando, y haciendo que otros canten. Viglietti estaba muy emocionado: él también cantó a Idea, y a Idea la cantaron muchos.

Idea es un mito literario; era, en la generación de 1945, una mujer entre mil hombres; se carteó con Juan Ramón, con Pedro Salinas; fue sistemáticamente una poeta de su propia voz, y eso era lo que le ponderaban sus maestros. Un libro extraordinario, Idea Vilariño. Una vida escrita, editado hace dos años en Montevideo por Cal y Canto y patrocinado, entre otros, por el Centro Cultural de España, reproduce mucha de esa correspondencia, y subraya la relación amorosa, que duró años, que mantuvieron Idea y Onetti, y que acaso se extinguió a la muerte de Idea. Sus versos, violentos, enamorados, las dedicatorias de Juan Carlos, quedan como testimonio de esa pasión que ahora es, para los lectores, uno de los mitos literarios de la literatura en castellano. Brilla con honda luz

Algunos versos ahora no son sólo emblema de aquel encuentro (que tuvo tantos desencuentros), sino de la propia poesía amorosa. Pero donde ella brilla con su luz más honda, y más opaca, es en ese breve poemario, No, que se editó por última vez como libro solo en 1987 y que ahora es bastante inencontrable; en ese poema chiquito, acaso como la propia voluntad de permanecer de la poetisa, es el que contiene el siguiente epitafio:
 
  "No abusar de palabras/
no prestarle/
 demasiada atención./
 Fue simplemente que/
la cosa se acabó./
¿Yo me acabé?/

 Una fuerza/ una pasión honesta y unas ganas/ unas vulgares ganas/ de seguir./Fue simplemente eso". La mujer de esos versos se extinguió; sus versos siguen. Y la cultura literaria en español contuvo la respiración, en la feria, en los estudios de los poetas. "Inútil decir más", dicen los dos últimos versos de No, "Nombrar alcanza". Como si estuviera tachando, Idea construyó versos para desaparecer. Por eso quedan. Eso decían los que le escribían cuando ella les anunciaba que quemaba la pluma. Cuando dejamos Montevideo, la tranquila placidez de la ciudad parecía también uno de los poemas cuando aún compartía la riña y la melancolía con Juan Carlos Onetti.

15/11/14

NO ES QUE MUERA DE AMOR, MUERO DE TI....



Los poetas queriendo o sin querer se proyectan, abren de par en par el libro ìntimo de sus interiores vivencias, por lo regular, la recopilacion de sus poemas no es màs que el prontuario, la lista, la nòmina, mas o menos bellamente conceptualizada- por algo son y se les llama poemas- de esas profundas y personalisimas interioridades.
 
Segùn sea el grado de sus virtuosismos, los poetas tienden a interesar, cautivar, atraer, seducir, incluso tocar, como quien tañe ràpidas las tensas cuerdas de un violìn, o de una guitarra dejando en suspenso una terminada nota en un ùnico sonido lleno de suavidad y honda dulzura. No son pocos los temas que derime en sus cantos. Temas que de una forma u otra nos toca a todos sentir. Temas que nos asustan, o que nos desesperan, o nos alegra, o dejan inconsolables.

El que canta a la guerra, invoca el silencio, se refiere al tiempo, a la ausencia, al amor.El quehacer poètico, trabajo por partida doble, para el poeta, y para el que ama la poesìa.En ellas hacen causa comùn las improntas inspiracionales, la luminosa idea, la tècnica laboriosa y el conocimiento de la lengua materna.Con las idas afloran insinuaciones. Con la tècnica se crece el esfuerzo. Con el conocimiento de la lengua, correcciòn y elegancia. Es material de trabajo para el poeta y para el que sin serlo la ama, la lee con gozo rumiàndola interiormente, masticàndola casì.

Que lejos estàn sus rejuegos y bonituras de ser pasatiempo en la holganza. simple entretenimeinto en los dias ociosos!...Y en cambio, cuan cerca del màs genuino sentido de una faena cradora, del gran esfuerzo universal. Su pareamiento, concepciòn y alumbre què semejante al de los seres vivos con todo su misterio y nobleza...!Poesìa...el aliento suave de la tristeza y la griz-azul melancolìa se señorean cimbreantes en su canto...Aquì.... Jaime Sabines....Disfrútenlo:

NO ES QUE MUERA DE AMOR, MUERO DE TI....


No es que muera de amor, muero de ti.
Muero de urgencia mía de mi piel de ti,
de mi alma, de ti y de mi bocay del insoportable que yo soy sin ti.
Muero de ti y de mi, muero de ambos,de nosotros,
de ese,desgarrado,partido,me muero, te muero, lo morimos.
Morimos en mi cuarto en que estoy solo,
en mi cama en que faltas,en la calle donde mi brazo va vacío,
en el cine y los parques, los tranvías,
los lugares donde mi hombro acostumbra tu cabeza y mi mano tu mano
y todo yo te sé como yo mismo.
Morimos en el sitio que le he prestado al aire
para que estés fuera de mí,y en el lugar en que el aire se acaba
cuando te echo mi piel encimay nos conocemos en nosotros,
separados del mundo, dichosa, penetrada, y cierto , interminable.
Morimos, lo sabemos, lo ignoran, nos morimos
entre los dos, ahora, separados,del uno al otro,
 diariamente,cayéndonos en múltiples estatuas,
en gestos que no vemos,en nuestras manos que nos necesitan.
Nos morimos, amor, muero en tu vientreque no muerdo ni beso,
en tus muslos dulcísimos y vivos,en tu carne sin fin,
muero de máscaras,de triángulos oscuros e incesantes.
Muero de mi cuerpo y de tu cuerpo,de nuestra muerte ,
amor, muero, morimos.En el pozo de amor a todas horas,
inconsolable, a gritos,dentro de mi, quiero decir,
 te llamo,te llaman los que nacen,los que vienende atrás, de ti,
los que a ti llegan.Nos morimos, amor, y nada hacemos
sino morirnos más, hora tras hora,y escribirnos y hablarnos y morirnos...











12/11/14

PLATONISMO...

 
 
 
 
Cuando ya del amor
estemos fatigados, mutuamente,
Qué otra cosa más dulce que tu  cuerpo
Pudieras ofrecerme?
 
Conserva la platónica distancia
Que aumenta mi deleite...
Si matas la ilusión, matas con ella
El anhelo inmortal de poseerte!
 
Enrique Aguiar

21/10/14

EPILOGO DE LA DISTANCIA..

                     
 
 

De este lado el túnel desfondado de unos ojos

Las manos levitantes sin objeto Las calles…

Los rostros que se yerguen en la sal de la memoria

Como héroes bastardos del olvido

Frente al mar llama un labio Un alma en el abismo

Se bifurca Allá o aquí la misma nolición el desencuentro

La simetría del vacío a dos orillas

A dos pechos el mismo corazón rodeado de distancia

En la hora más honda que contuvo al universo

Este es aquel lado donde anclan en un cuerpo dos mundos

Distintos e iguales.... dos almas y un mismo hueco

JOSE RICHIEZ

5/9/14

ANIMA Y YO,,,

 
 
 
 
 
 
ANIMA Y YO
 
 
Anima que discurre ingenuamente triste
En espera de alguna recompensa mayor;
Alma mía que busca para el mal que me asiste
Otro bien que no surja de su propio dolor.
 
Oh Jesús - buen amigo, que tus bálsamos diste
Al másculo San Pablo y a Pedro el Pescador,
cuando ya en el ocaso de sus vidas pusiste
Con tu luz taumaturga tu limosna de Amor.
 
Mi conciencia despoja de razones impuras,
otórgale a mi alma tus diáfanas ternuras
tu fulgor para ella, a los dos tu ideal.
 
Si la ves prosternada en mi lóbrego abismo
es buscando la gracia suprema de ti mismo
para que nos defiendas del pecado mortal.

Enrique Aguiar


ENIGMÁTICA..

 
Iba disparando su carcajada de amores,
exquisita, grácil, pensativa y rara;
La miré con ansias...ebria de temores,
sus mejillas blancas llenó de pudores
y siguió adelante sin volver la cara.
 
Apure sus filtros. Y al sentirme presa
de la calentura de una fantasía,
vi peregrinando su formal belleza
como un ala rota, llena de tristeza
como un estandarte de melancolía.
 
Llegó la partida; tiernas emociones
tuvo en el instante en que me vió pasar,
Y cual dos amargas interrogaciones
Abrió sus pupilas llenas de visiones
Y como una madre comenzó a llorar.
 
Enrique Aguiar 

4/9/14

POEMA TRISTE...

 
 
 Por la quebrada senda que conduce
al campo de los muertos, iba lenta;
es una virgen que en el alma lleva
el martirio letal de una tormenta.
 
La rara majestad de su hermosura
Demacrada por crueles desengaños,
mostraba la tristeza compasiva
del cansancio terrible de los años.
 
Y llega al Campo Santo; todo calla,
la fúnebre mansión sólo tenía
esa quietud de cruces ignoradas
donde late un recuerdo todavía.
 
Hacía una tumba pobre y silenciosa
Donde crece una adelfa enmustiecida,
donde muerta una madre siempre vive
torturado el encanto de la vida.
 
Temblorosa y mortal se encaminaba;
Y a Dios le pide con el alma abierta,
que la deje con lágrimas y besos
colmar la tumba de su madre muerta.
 
II
 
Desfallecida por sus penas hondas
junto a una cruz de leño se inclinaba"
..."Piedad madre del alma! " en su agonía
la pobre virgencita murmuraba
 
"Yo no quiero vivir. El mundo tiene
Falaces realidades de amargura;
Arráncame del mundo, madre mía,
Y exprímeme en un beso de ternura.
 
"Quiero a tu lado, silenciosa y triste,
compartir la nostalgia funeraria,
y olvidar las maldades de la vida
elevando hasta Dios nuestra plegaría.
 
"Que en este mundo de rencor y dolo
el pudor envilecen cada día,
y sólo reina en la social esfera
contra toda virtud la hipocresía.
 
"La torva muchedumbre, alborotada,
que en el revuelto torbellino crece,
de lauros, con amor, a los tiranos
y a la inocente virgen encanece"
 
III
 
Un ave canta en el paraje triste
el fúnebre responso de la umbría
cuando la niña, pudorosa y casta,
rueda en el barro de la tumba fría.
 
Es la noche...Silencio...Ni un murmullo
En la quietud helada del ambiente,
Mientras la luna su sonrisa quiebra
sobre el pétalo mustio de su frente!
 
Enrique Aguiar 
 
 

 


PIENSO DECIRTE ALGO...



 
 Pienso decirte algo cuando te vayas,
Pienso decirte todo lo que he sentido;
Quieres tener costumbres en otras playas
Y echas en estas playas todo tu olvido.
 
Que tu barca de amores te lleve lejos;
Para estar a tu lado basta un recuerdo
O las luces ustorias de tus reflejos
En el mar de tristezas en que me pierdo.
 
Que los nuevos placeres que en ti se inicien
No maltraten en nada tu alma inocente,
Que hayan notas aladas que te acaricien
Y suspiros de auras para tu frente.
 
Que conserves el cofre de tus bondades;
Que en alegres veladas pases las horas;
Que contemples extrañas de otras auroras.
 
Que la brisa te lleve con sus violines
Besos llenos de mieles y de fragancias
Y los hálitos puros de esos jardines
Donde crecieron juntas nuestras infancias.
 
Y feliz en tu vida porque has podido
Realizar tus antojos, quién tal pudiera!
Echa sobre estas playas todo tu olvido
Ya que al fin has logrado ser extranjera!

Enrique Aguiar 


29/8/14

OCASO


 ¡Cómo suena en mi alma la idea
 de una noche completa en tus brazos
 diluyéndome toda en caricias
mientras tú te me das extasiado!

 ¡Qué infinito el temblor de miradas
 que vendrá en la emoción del abrazo,
y qué tierno el coloquio de besos
que tendré estremecida en tus labios!

 ¡Cómo sueño las horas azules
 que me esperan tendida a tu lado,
 sin más luz que la luz de tus ojos,
 sin más lecho que aquel de tu brazo!

 ¡Cómo siento mi amor floreciendo
en la mística voz de tu canto:
notas tristes y alegres y hondas
 que unirán mi emoción a tu rapto!

 ¡Oh la noche regada de estrellas
 que enviará desde todos sus astros
 la más pura armonía de reflejos
como ofrenda nupcial a mi tálamo!

JULIA DE BURGOS

7/8/14

TE SEGUIRÉ CALLADA...


 
Te seguiré por siempre, callada y fugitiva,
por entre oscuras calles molidas de nostalgia,
o sobre las estrellas sonreídas de ritmos
donde mecen su historia tus más hondas miradas.

Mis pasos desatados de rumbos y fronteras
no encuentran las orillas que a tu vida se enlazan.
Busca lo ilimitado mi amor, y mis canciones
de espalda a los estático, irrumpen en tu alma.

Apacible de anhelos, cuando el mundo te lleve,
me doblaré el instinto y amaré tus pisadas;
y serán hojas simples las que iré deshilando
entre quietos recuerdos, con tu forma lejana.

Atenta a lo infinito que en mi vida ya asoma,
con la emoción en alto y la ambición sellada,
te seguiré por siempre, callada y fugitiva,
por entre oscuras calles, o sobre estrellas blancas.

Julia de Burgos

6/8/14

LA LUNA VINO A LA FRAGUA...

 


La luna vino a la fragua
con su polisón de nardos.
El niño la mira, mira.
El niño la está mirando.
En el aire conmovido
mueve la luna sus brazos
y enseña, lúbrica y pura,
sus senos de duro estaño.
Huye luna, luna, luna.
Si vinieran los gitanos,
harían con tu corazón
collares y anillos blancos.
Niño déjame que baile.
Cuando vengan los gitanos,
te encontrarán sobre el yunque
con los ojillos cerrados.
Huye luna, luna, luna,
que ya siento sus caballos.
Niño déjame, no pises,
mi blancor almidonado.
El jinete se acercaba
tocando el tambor del llano.
Dentro de la fragua el niño,
tiene los ojos cerrados.
Por el olivar venían,
bronce y sueño, los gitanos.
Las cabezas levantadas
y los ojos entornados.
¡Cómo canta la zumaya,
ay como canta en el árbol!
Por el cielo va la luna
con el niño de la mano.
Dentro de la fragua lloran,
dando gritos, los gitanos.
El aire la vela, vela.
el aire la está velando. 
 
Federico García Lorca

NADIE COMPRENDÍA EL PERFUME...

 
 
 Nadie comprendía el perfume
De la oscura magnolia de tu vientre.
Nadie sabía que martirizabas
un colibrí de amor entre los dientes.
Mil caballitos persas se dormían
En la plaza con la luna de tu frente,
mientras que yo enlazaba cuatro noches
tu cintura, enemiga de la nieve.
Entre yeso y jazmines, tu mirada
era un pálido ramo de simientes.
Yo busqué, para darte, por mi pecho
Las letras de marfil que dicen siempre,
siempre, siempre: jardín de mi agonía.
Tu cuerpo fugitivo para siempre,
la sangre de tus venas en mi boca.
tu boca ya sin luz para mi muerte.
 
Federico García Lorca


SED DE TI...



Sed de ti me acosa en las noches hambrientas.
Trémula mano roja que hasta su vida se alza.
Ebria de sed, loca sed, sed de selva en sequía.
Sed de metal ardiendo, sed de raíces ávidas......
Por eso eres la sed y lo que ha de saciarla.
Cómo poder no amarte si he de amarte por eso.
Si ésa es la amarra cómo poder cortarla, cómo.
Cómo si hasta mis huesos tienen sed de tus huesos.
Sed de ti, guirnalda atroz y dulce.
Sed de ti que en las noches me muerde como un perro.
Los ojos tienen sed, para qué están tus ojos.
La boca tiene sed, para qué están tus besos.
El alma está incendiada de estas brasas que te aman.
El cuerpo incendio vivo que ha de quemar tu cuerpo.
De sed. Sed infinita. Sed que busca tu sed.
Y en ella se aniquila como el agua en el fuego
 
 
Pablo Neruda

28/7/14

SI TU MURIERAS



Anoche, mientras fijos tus ojos me miraban
y tus convulsas manos mis manos estrechaban,
tu tez palideció.
¿Qué hicieras -me dijiste- si en esta noche misma
tu luz se disipara, si se rompiera el prisma,
si me muriera yo?

¡Ah! deja las tristezas al nido abandonado,
las sombras a la noche, los dardos al soldado,
los cuervos al ciprés.
No pienses en lo triste que sigiloso llega;
los mirtos te coronan, y el arroyuelo juega
con tus desnudos pies.

La juventud nos canta, nos ciñe, nos rodea;
es grana en tus mejillas; en tu cerebro, idea,
y entre tus rizos, flor;
tenemos en nosotros dos fuerzas poderosas,
que triunfan de los hombres y triunfan de las cosas:
¡la vida y el amor!

Comparte con mi alma tus penas y dolores,
te doy mis sueños de oro, mis versos y mis flores
a cambio de tu cruz.
¿Por qué temer los años, si tienes la hermosura;
la noche, si eres blanca; la muerte, si eres pura;
la sombra, si eres luz?

Seré, si tú lo quieres, el resistente escudo
que del dolor defienda tu corazón desnudo;
y si eres girasol,
seré la pare oscura que en hondo desconsuelo
sin ver jamás los astros se inclina siempre al suelo;
¡Tú, la que mira al sol!

La muerte está muy lejos; anciana y errabunda,
evita los senderos que el rubio sol fecunda,
y por la sombra va;
camina sobre nieve, por rutas silenciosas,
huyendo de los astros y huyendo de las rosas;
¡la muerte no vendrá!

 
La vida, sonriendo nos deja sus tesoros:
¡abre tus negros ojos, tus labios y tus poros
al aire del amor!
Como la madre monda las frutas para el niño,
¡Dios quita de tu vida, cercada de cariño,
las penas y el dolor!

Ahora todo canta, perfuma o ilumina;
ahora todo copia tu faz alabastrina,
y se parece a ti;
aspiro los perfumes que brotan de tu trenza,
y lo que en tu alma apenas como ilusión comienza,
es voluntad en mí.

¡Ah! deja las tristezas al nido abandonado,
las sombras a la noche, los dardos al soldado;
los cuervos al ciprés.
No pienses en los triste que sigilos llega;
los mirtos te coronan, y el arroyuelo juega
con tus desnudos pies.

Manuel Gutiérrez Nájera

FRENTE A FRENTE



 Oigo el crujir de tu traje, turba tu paso el silencio,
 pasas mis hombros rozando y yo a tu lado me siento.
 Eres la misma: tu talle, como las palmas, esbelto,
negros y ardientes los ojos, blondo y rizado el cabello;
blando acaricia mi rostro como un suspiro tu aliento;
 me hablas como antes me hablabas,
yo te respondo muy quedo,
y algunas veces tus manos entre mis manos estrecho.

 ¡Nada ha cambiado: tus ojos siempre me miran serenos,
 como a un hermano me buscas,
 como a una hermana te encuentro!
¡Nada ha cambiado: la luna deslizando su reflejo
a través de las cortinas de los balcones abiertos;
allí el piano en que tocas,
allí el velador chinesco
y allí tu sombra, mi vida, en el cristal del espejo.

Todo lo mismo: me miro, pero al mirarte no tiemblo,
cuando me miras no sueño.
Todo lo mismo, peor algo dentro de mi alma se ha muerto.
 ¿Por qué no sufro como antes?
¿Por qué, mi bien, no te quiero?
 Estoy muy triste; si vieras, desde que ya no te quiero siempre que escucho campanas digo que tocan a muerto.
Tú no me amabas pero algo daba esperanza a mi pecho,
y cuando yo me dormía tú me besabas durmiendo.

 Ya no te miro como antes, ya por las noches no sueño,
 ni te esconden vaporosas las cortinas de mi lecho.
 Antes de noche venías destrenzando tu cabello,
 blanca tu bata flotante, tiernos tus ojos de cielo;
 lámpara opaca en la mano, negro collar en el cuello,
dulce sonrisa en los labios y un azahar en el pecho.
 Hoy no me agito si te hablo ni te contemplo si duermo,
 ya no se esconde tu imagen en las cortinas del techo.

 Ayer vi a a un niño en la cuna;
estaba el niño durmiendo,
 sus manecitas muy blancas, muy rizado su cabello.
 No sé por qué, pero al verle vino otra vez tu recuerdo,
 y al pensar que no me amaste, sollozando le di un beso.
 Luego, por no despertarle, me alejé quedo, muy quedo.
¡Qué triste que estaba el alma! ¡Qué triste que estaba el cielo!
 Volví a mi casa llorando, me arrojé luego en el lecho.

 Todo estaba solitario, Todo muy negro, muy negro.
Como una tumba mi alcoba, la tarde tenue muriendo,
 mi corazón con el frío.
Busqué la flor que me diste una mañana en tu huerto y con mis manos convulsas la apreté contra mi pecho; miré luego en torno mío y la sombra me dio miedo...
Perdóname, si, perdóname, ¡no te quiero, no te quiero!
 
Manuel Gutiérrez Nájera

ONDAS MUERTAS
























En la sombra debajo de tierra,
donde nunca llegó la mirada,
se deslizan en curso infinito
silenciosas corrientes de agua.
Las primeras, al fin, sorprendidas,
 por el hierro que rocas taladra,
en inmenso penacho de espumas
 hervorosas y límpidas saltan.
Mas las otras, en densa tiniebla,
retorciéndose siempre resbalan,
sin hallar la salida que buscan,
a perpetuo correr condenadas.
A la mar se encaminan los ríos,
y en su espejo movible de plata,
 van copiando los astros del cielo
 o los pálidos tintes del alba:
ellos tienen cendales de flores,
 en su seno las ninfas se bañan,
 fecundizan los fértiles valles,
 y sus ondas son de agua que canta.
En la fuente de mármoles níveos,
 juguetona y traviesa es el agua,
como niña que en regio palacio
sus collares de perlas desgrana;
ya cual flecha bruñida se eleva,
ya en abierto abanico se alza,
de diamantes salpica las hojas
 o se duerme cantando en voz baja.
En el mar soberano las olas
los peñascos abruptos asaltan;
al moverse, la tierra conmueven
y en tumulto los cielos escalan.
Allí es vida y es fuerza invencible,
 allí es reina colérica el agua,
como igual con los cielos combate
y con dioses y monstruos batalla.
¡Cuán distinta la negra corriente
a perpetua prisión condenada,
 la que vive debajo de tierra
do ni yertos cadáveres bajan!
 ¡La que nunca la luz ha sentido,
 la que nunca solloza ni canta,
esa muda que nadie conoce,
esa ciega que tienen esclava!
 Como ella, de nadie sabidas,
como ella, de sombras cercadas,
 sois vosotras también,
 las oscuras silenciosas corrientes de mi alma.
 ¿Quién jamás conoció vuestro curso?
¡Nadie a veros benévolo baja!
¡Y muy hondo, muy hondo se extienden
 vuestras olas cautivas que callan!
!Y si paso os abrieran, saldríais,
como chorro bullente de agua,
que en columna rabiosa de espuma
sobre pinos y cedros se alza!
Pero nunca jamás, prisioneras,
sentiréis de la luz la mirada:
 ¡seguid siempre rodando en la sombra,
silenciosas corrientes del alma!

Manuel Gutiérrez Nájera

20/7/14

LA SERENATA DE SCHUBERT...

 
 
¡Oh, qué dulce canción! Límpida brota
Esparciendo sus blandas armonías,
Y parece que lleva en cada nota
¡Muchas tristezas y ternuras mías!

¡Así hablara mi alma... si pudiera!
Así dentro del seno,
Se quejan, nunca oídos, mis dolores!
Así, en mis luchas, de congoja lleno,
Digo a la vida: —¡Déjame ser bueno!
—Así sollozan todos mis amores!

¿De quién es esa voz? Parece alzarse
Junto del lago azul, noche quieta,
Subir por el espacio, y desgranarse
Al tocar el cristal de la ventana
Que entreabre la novia del poeta...
¿No la oís como dice: «hasta mañana»?

¡Hasta mañana, amor! El bosque espeso
Cruza, cantando, el venturoso amante,
Y el eco vago de su voz distante
Decir parece: «hasta mañana, beso!»

¿Por qué es preciso que la dicha acabe?
¿Por qué la novia queda en la ventana.
Y a la nota que dice: «¡Hasta mañana!»
El corazón responde: «¿quién lo sabe?»

¡Cuántos cisnes jugando en la laguna!
¡Qué azules brincan las traviesas olas!
En el sereno ambiente ¡cuánta luna!
Mas las almas ¡qué tristes y qué solas!

En las ondas de plata
De la atmósfera tibia y transparente,
Como una Ofelia náufraga y doliente,
¡Va flotando la tierna serenata...!

Hay ternura y dolor en ese canto,
Y tiene esa amorosa despedida
La transparencia nítida del llanto,
¡Y la inmensa tristeza de la vida!

¿Qué tienen esas notas? ¿Por qué lloran?
Parecen ilusiones que se alejan...
Sueños amantes que piedad imploran,
Y como niños huérfanos, ¡se quejan!

Bien sabe el trovador cuán inhumana
Ara todos los buenos es la suerte...
Que la dicha es de ayer... y que «mañana»
Es el dolor, la obscuridad, !la muerte!

El alma se compunge y estremece
Al oír esas notas sollozadas...
¡Sentimos, recordamos, y parece
Que surgen muchas cosas olvidadas!

¡Un peinador muy blanco y un piano!
Noche de luna y de silencio afuera...
Un volumen de versos en mi mano,
Y en el aire ¡y en todo! ¡primavera!

¡Qué olor de rosas grescas! en la alfombra
¡Qué claridad de luna! ¡qué reflejos!
...¡Cuántos besos dormidos en la sombra,
Y la muerte, la pálida, qué lejos!

En torno al velador, niños jugando...
La anciana, que en silencio nos veía...
Schubert en su piano sollozando,
Y en mi libro, Musset con su «Lucía».

¡Cuántos sueños en mi alma y en tu alma!
¡Cuántos hermosos versos! ¡cuántas flores!
En tu hogar apacible ¡cuánta calma!
Y en mi pecho ¡qué inmensa sed de amores!

¡Y todo ya muy lejos! ¡todo ido!
¿En dónde está la rubia soñadora?
...¡Hay muchas aves muertas en el nido,
Y vierte muchas lágrimas la aurora!

...Todo lo vuelvo a ver... ¡pero no existe!
Todo ha pasado ahora... ¡y no lo creo!
Todo está silencioso, todo triste...
¡Y todo alegre, como entonces, veo!

...Esta es la casa... ¡su ventana aquélla!
Ese, el sillón en que bordar solía...
La reja verde... y la apacible estrella
Que mis nocturnas pláticas oía!

Bajo el cedro robusto y arrogante,
Que allí domina la calleja obscura,
Por la primera vez y palpitante
Estreché con mis brazos, su cintura!

¡Todo presente en mi memoria queda!
La casa blanca, y el follaje espeso...
El lago azul... el huerto... la arboleda,
Donde nos dimos, sin pensarlo, un beso!

Y te busco, cual antes te buscaba,
Y me parece oírte entre las flores,
Cuando la arena del jardín rozaba
El percal de tus blancos peinadores!

¡Y nada existe ya! Calló el piano...
Cerraste, virgencita, la ventana...
Y oprimiendo mi mano con tu mano,
Me dijiste también: «¡hasta mañana!»

¡Hasta mañana!... Y el amor risueño
No pudo en tu camino detenerte!...
Y lo que tú pensaste que era el sueño,
Fue sueño, ¡pero inmenso! ¡el de la muerte!

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¡Ya nunca volveréis, noches de plata!
Ni unirán en mi alma su armonía,
Schubert, con su doliente serenata
Y el pálido Musset con su «Lucía».

José Gutiérrez Nájera